lunes, 17 de junio de 2019

Crónicas de un W capítulo 2 Casio W-25 Marlin. 2ª parte

A pesar de que mi padre era el primer trabajador que entró a trabajar en la empresa cuando esta se fundó a mediados de los 70 y era un buen oficial 1ª y capataz conmigo nunca se andaron con chiquitas. Ni los dos encargados ni los dos jefes de obra ni los dos jefes y dueños tuvieron miramientos ni yo tampoco quería estar de rositas en el trabajo.
El primer día ya me pusieron un pico entre las manos de un chaval de 18 años de 1,80 y 75 kilos, que venía de no querer estudiar a pesar de tener una memoria de elefante, una memoria fotográfica.
En el instituto todo eran burlas, risas y algún que otro tortazo, la tomaron conmigo, desde entonces he visto que no se puede ser bueno en esta vida, los cabrones, los sinvergüenzas, las malas personas y los pillos son los que triunfan en la vida.
Lo mismo se puede aplicar en el trabajo pero en este tipo de trabajo que nadie quiere a los pocos meses me gané el respeto de toda la jerarquía sin excepción.
No se porqué ese tipo de trabajos eran como un guante a medida, como un reloj para mi y estos jefes que estaban cansados de ver gente entrar y salir de la empresa como la gente de un supermercado vieron que tenían una mercancía muy valiosa con los 5 tipos de martillos neumáticos que se utilizaban en la empresa, ninguna se resistía a mis encantos o debo decir a mis bestialidades.
Muros donde se reventaba el encofrado 30 o 40 centímetros tenía que dejarlos a su medida exacta a base de pistolete que era el martillo más pequeño o martillo de mano. Casi era como el trabajo de un escultor, pero con los lobos encima del cogote preguntando continuamente que cuanto me quedaba.


                                              Pistolete o martillo neumático de mano.


Y entre tanto lobo a los cuales toreaba como podía, allí estaba mi Marlin inseparable y yo porque me veían grande, me veían fuerte y no me solían mandar a ningún compañero para retirar los escombros.
Perdido en esas inmensas plantas de las fabricas y factorías que parecían no tener fin mi fiel compañero siempre con su hora puntual siempre con su señal horaria siempre avisándome con sus alarmas de la hora de almorzar, comer y de salir de tarde o de noche.Era lo más parecido a un compañero de trabajo.El trabajo a realizar yo y un pequeño objeto negro que me animaba con sus horas.

Las perdidas en tubos subterráneos de vapor, crudo, gasolina, queroseno, gasoil, aceite o roturas de cables eléctricos subterráneos precisamente por las continuas roturas de los mencionados productos para mi eran unas vacaciones por dos motivos, primero que me solían mandar a un compañero y segundo que mis brazos descansaban de los diferentes tipos de martillos neumáticos.  
Pero eso si ya fuera por horas (administración) o por presupuesto siempre tenía a los artistas encima diciéndome que tenía que acabar el trabajo casi casi antes de empezarlo.
Yo ya solía ser muy cabroncete y les decía ¿cuando quiere usted que lo termine? dígame una hora, y siempre me sobraba tiempo.



                                                              Uno de los grandes.

Los meses pasaban y vino la primera reconversión en la empresa que en realidad era despedir a los que no interesaban para dejar a los que daban dinero.
Yo en 1985 era prácticamente nuevo pero si un magnífico programador se lo rifan yo era como un programador de todos los martillos incluido el perforador y el quebrantador hidráulico o cuña hidráulica DARDA.


                                                                         DARDA


"Pepico, tu te quedas" me dijo el jefe principal, el que estampaba su firma todos los meses en la nómina.


En noviembre de 1985 me llegó la carta del servicio militar y para no tener ningún derecho laboral me obligaron a pedir la cuenta como si me fuera o otra empresa, la empresa del ejercito,jajajajajaajja.

Lo cuento con parte de orgullo, rabia y extrañas sensaciones parece en mi forma de escribir que no tengo abuela pero es la realidad, hay excelentes profesionales de todo tipo en sus respectivos segmentos laborales, gente que son muy buenos, unos humildes y otros algo vacilones, yo en mi trabajo era humilde pero aquí tengo que contar y explicar las cosas como ocurrieron y así fue como ocurrió.

Pero aún hay más por lo menos tercera y cuarta parte y esta noche estoy cansado.

4 comentarios:

  1. Muy buen artículo Jose.
    A pesar que yo no me dediqué exactamente a eso,me ha venido a la memoria parte de mi andadura al mundo laboral.
    Yo terminé 1° de BUP y también decidí trabajar y fué así como con 13 años empecé en una fontanería,y decir que fué una parte de mi vida que recuerdo con mucho agrado.Disfruté trabajando y aprendiendo a pesar de larguísimas jornadas de trabajo y viví experiencias que recuerdo ahora con nostalgia como una parte muy feliz de mi vida.
    Lo que son las cosas.
    Espero las siguientes crónicas.
    Saludos

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  2. El DARDA ese da miedo solo de mirarlo. No te olvides del polvo que se tragaba en esos oficios, yo estuve de derribos y era para morirte lo que se tragaba allí, y ni mascarilla ni pamplinas, si te ponías una te miraban como si fueras un extraterrestre y vamos, se reían de ti un mes :P Por lo menos en eso hemos avanzado algo (aunque a mi parecer, tampoco todo lo que se debería).

    Gracias por contarnos tus "andanzas" con ese Marlin, ¡en espera de la tercera!

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    Respuestas
    1. De nada ZonaCasio, el DARDA lo tuve que utilizar en muchas ocasiones en Repsol de Cartagena pero donde más tuve que usarlo fue en Repsol de Coruña para hacer una línea de soportes de tuberías en una zona montañosa con piedras de granito al estar todo rodeado de tanques de combustible no se podían hacer voladuras.
      La seguridad ahora está muy implantada en prácticamente todas las empresas aunque todavía por desgracia hay algo de dejadez y luego pasa lo que pasa.

      No pensaba alargar la historia de mi Marlin porque llevo una mala racha de cansancio y ya he comentado que no me gusta mucho hablar de temas propios en internet pero algo me empuja a contar esta pequeña historia.

      Un saludo.

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  3. Muchas gracias Pedro, me alegro mucho de que disfrutaras del trabajo de fontanería y de que a pesar de aquellas largas jornadas de trabajo supieras sacar la parte positiva de todo aquello, las vivencias ya sean buenas o malas nos enriquecen y al fin y al cabo forman parte de nuestras vidas.

    En el capítulo que hablo de un supermercado de Lorca (Murcia) hablaré de Antonio el fontanero y como llegué a empatizar con este gran profesional y él vio que mi trabajo y esfuerzo le ayudaron a superar sus problemas.

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